viernes 6 de junio de 2008
Más arte callejero
Se identificó como docente. Traía una guitarra, el aire cansado y la ropa modesta y gastada. Explicó brevemente, para los que no lo conocíamos todavía, que era maestro de música, pero que había abandonado la profesión un tiempo y que ahora le costaba reinsertarse en el sistema. Luego empezó a cantar, sencillo, entonado, sin pretensiones. Nos ofreció tres temas, todos del rock nacional, y cada uno introducido por una breve presentación con tono de arenga... "Esto es para los memoriosos que no se rinden", "ésta para los que todavía creen que se puede". Hurgué en mis bolsillos en busca de monedas: no tenía (las monedas son más preciadas que las pepitas de oro en este tiempo en Buenos Aires). Recordé un billete de dos pesos y me dije "el momento lo vale". La sonrisa agradecida de un maestro sin laburo, también.
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