viernes, 13 de junio de 2008

Malditas estadísticas

Lo dicen todos los registros, no hay caso. Por más que una se esfuerce en ignorarlos, los datos de población de la Ciudad de Buenos Aires indican que la féminas estamos en mayoría, en una proporción lamentable de 87,1 hombres por cada 100 mujeres. Lamentable, digo, porque lo que las estadísticas no dicen es que encima, somos más las mujeres que estamos solas, porque, como bien lo recordaba un memorioso de tiempos lejanos, cuando se decía que había siete mujeres para cada hombre en esta ciudad, siempre había un vivo que tenía catorce. Sacando las exageraciones propias de los porteños, una mirada objetiva en cualquier café de la ciudad vale más que mil palabras y que los agujeritos en la planilla de un censista.

Cabildo y La Pampa, barrio de Belgrano, viernes, once de la mañana. En una ruidosa mesa se agrupan nada menos que diez mujeres ya veteranas en su mayoría. Una mesa más allá, otras cuatro, éstas un poco más jóvenes. ¿Hombres solos agrupados? Sí, una mesa completa… con cuatro gerontes simpatiquísimos, pero que parecen escapados del hogar para “personas mayores”. 14 a 4, ¡parece el resultado de una goleada histórica!

Una cosa es verdad: las mujeres, y está también dicho y escrito miles de veces, somos más proclives a salir en grupo. No nos asusta que nos califiquen de posibles lesbianas, no nos amedrenta la idea de dar lástima. Los hombres solos, según dicen, solo se juntan para ir al fútbol o al billar. ¿Será que no hay lugar para exhibir la amistad masculina, salvo que sea en actividades consideradas “de hombres”? Tomar café, conversar, ir al cine o juntarse para cenar, ¿son patrimonio exclusivo de nosotras?

viernes, 6 de junio de 2008

Más arte callejero

Se identificó como docente. Traía una guitarra, el aire cansado y la ropa modesta y gastada. Explicó brevemente, para los que no lo conocíamos todavía, que era maestro de música, pero que había abandonado la profesión un tiempo y que ahora le costaba reinsertarse en el sistema. Luego empezó a cantar, sencillo, entonado, sin pretensiones. Nos ofreció tres temas, todos del rock nacional, y cada uno introducido por una breve presentación con tono de arenga... "Esto es para los memoriosos que no se rinden", "ésta para los que todavía creen que se puede". Hurgué en mis bolsillos en busca de monedas: no tenía (las monedas son más preciadas que las pepitas de oro en este tiempo en Buenos Aires). Recordé un billete de dos pesos y me dije "el momento lo vale". La sonrisa agradecida de un maestro sin laburo, también.