Iban tomados de la mano. Así, como adolescentes despreocupados. Ella tenía el cuerpo firme todavía, el peso justo, la mirada fresca, a pesar de las canas. Él también se veía cuidado, de paso seguro, aunque las chapas se le habían volado hace ya tiempo. Caminaban alrededor del parque en el mismo sentido que yo, y no me animé a echarles más que una mirada curiosa, apenas suficiente como para imaginarme muchas cosas. ¿Hace mucho que estaban juntos? ¿Eran compañeros de toda la vida? ¿O se habían conocido cuando ambos necesitaban restañar viejas heridas?
No lo sé, y creo que realmente no importa. Me gustó esa forma de caminar juntos, de la mano, como pares, amigos, socios en esta etapa del viaje. Y confieso que por un momento, solo por un momento, sentí un poquito de envidia…
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