jueves 16 de junio de 2011

Gracias, Carlitos

(Un regalo de Carlos Carossini, escrito ayer, 15 de junio de 2011)

Diminuta y delicada,
como el escaso tiempo que nos diste.

Ya no recuerdo si abriste los ojos
o si no fue necesario para lo que viniste a hacer.

Pero quizás sí llegaste a soñar
un sueño más largo que tus propios días,
ese que pudo haberte llevado,
minuciosamente,
a recorrer las imágenes
del destino que no pudo ser.

Decidimos no llorarte,
porque naciste en tierra de sangre y de coraje
para allí quedarte.
Vaya a saber qué haces hoy
en esos lugares,
que tan poco entendimos
los que fuimos a entender.

Tu breve lucha
no fue poca ni estuvo sola,
porque alcanzamos a darte
esperanza a borbotones,
que seguro te llevaste
entre tus pliegue heridos,
como cintas de leves llamas.

No pasa día que no aprendamos algo de ti,
cuando irrumpes entre mates y almohadas.
Las letras de tu nombre
son eternidad entre nosotros,
Alejandra.