viernes 14 de marzo de 2008

Gracias, Jane

“I’m 68, not bad, hein?” Y Jane Fonda nos sonríe desde la publicidad de una crema antiage con mirada cómplice desde sus espléndidos 68, a nosotras, que todavía no llegamos ahí ni por las tapas, pero que nos sentimos hechas mierda, con la autoestima por el piso, con la cuenta del psicólogo al rojo vivo y con todas las ganas de volver a vivir otra vez algo parecido a las famosas mariposas en el estómago. Sí, Jane, no están mal tus 68, y no está nada mal que nos recuerdes que hay vida después de los cincuenta, de los sesenta, y por qué no, de los setenta y los ochenta.

La verdad es que Jane nos inspiró a muchas de las que la conocimos cuando seducía al ángel en la inolvidable Barbarella, cuando hacía de informante de un crimen político en Kute, cuando se manifestaba contra Vietnam e incluso cuando se erigía en la pionera del workout y de la vida sana. Y la seguimos (yo, en particular), cuando desde un libro para embarazadas confesaba sus pecadillos de juventud y contaba cómo había llegado al equilibrio que mostraba en sus años maduros. Sí, Jane, fuiste de alguna manera nuestra heroína, y por eso ahora te agradecemos que te sumes a las campañas para decirnos que no estamos muertas, que no somos descartables, que la divina juventud no es la única etapa de la vida en la que podemos sentirnos vivas y, sobre todo, bellas.

Porque Jane es bella: no con la belleza de las caras plásticas que nos miran desde la pantalla chica y la mayoría de las fotos de revistas de celebrities, sino con la hermosura serena y vital de una mujer que se atrevió a desafiar los años sin esclavizarse en la camilla de los cirujanos. Gracias, Jane, por recordarnos que podemos seguir siendo, con las marcas que nos dejó la vida, siempre nosotras mismas.